Cap 3.
‘’Las
persianas programables se levantan solas. Ag’’
Entraba la
luz por la ventana y me daba directamente en la cara, me giré, tapé mi cabeza
con la almohada y traté de seguir durmiendo. Traté. No pude.
Agarré el
celular para ver la hora. Las once de la mañana. Quería aprovechar el día, así
que me destapé y me fui incorporando. Miré alrededor y Cande ya no estaba. Fui
al baño y bajé las escaleras. Vi a Cande sentada en el sofá con las piernas a
lo indio, al lado de mi hermano, con las bandejas del desayuno y viendo la
tele.
Lali:
Buenos días, ¿Fran?- Dije frotándome los ojos.
Cande:
Marchó hace veinte minutos, buenos días.
Me preparé
mi bandeja mientras oía a Can reírse con comentarios de mi hermano sobre el
programa. Desayuné con ellos y recogí mi bandeja.
Lali: Can,
me subo a poner una bikini y agarro la lonita para tomar sol en el jardín,
¿Venís?- Le pregunté mientras me dirigía a las escaleras.
Cande:
Dale, cuando acabe el programa recojo la bandeja y voy.
Lali: Dale.
– Los miré de reojo mientras subía.
Agarre la lona, el bikini, un cojín y los altavoces, y me instalé en el jardín de
atrás.
Extendí la lona sobre el pasto, puse el celular en los altavoces, música y el cojín en la
parte de arriba de la lona. Me tiré sobre esta y cerré los ojos. Al poco rato
oí ruidos a mi lado y al abrirlos vi que era Can con su toalla, tirada a mi
lado y chateando por el cel. Me incorporé, me senté a lo indio y me quedé
mirándola fijamente. Al darse cuenta de la miraba dejó el celular, se incorporó,
imitó mis postura y nos estuvimos mirando medio minuto.
Cande:
¿Qu…?- Comenzó a decir, pero la interrumpí.
Lali: Vos… -
Entrecerré los ojos- Vos… ¿Vos… tenés algo con mi hermano? – Comenzó a reírse a pesar
de que mis ojos seguían mirándola fijo.
Cande: No! -Se rió- Jajaja. Es simpático y eso, me ayudó a arreglar la bici y ahora nos llevamos
más, pero antes también nos llevábamos bien, no sé qué le ves de raro.
Lali: Ya…
ya. – Me tumbé de nuevo y seguimos tomando sol.
Unas horas
más tarde fuimos a comer, y volvimos a tomar sol con nuestras charlas
interminables.
A las cinco
y media comenzaríamos a prepararnos, habíamos quedado a las ocho y diez a la
entrada del Rosal (la calle de bares de moda) con unas amigas del
instituto, con amigos de amigas y con Fran.
Llevamos
los altavoces a la habitación y esta vez pusimos la música del celular de Can
mientras nos preparábamos. Me fui a la ducha mientras Can preparaba su ropa.
‘’Ducha-exprés’’,
lo más rápida posible. Salí con la toalla a mi habitación para que mi amiga
entrara a ducharse mientras yo me secaba el pelo. Me lo alisé y dejé un poco de
rulo en la capa más externa. Al acabar salió mi amiga, y cuando ella se secaba
el pelo, yo elegí y me puse la ropa.
Elegí un
vestido negro de tubo, cortito, de tirantes y con las costuras entrecruzadas
haciendo dibujos; un collar de cadenita dorada con un bigote en negro, y unos
tacos, taconazos, de Italia también, negros, de taco de aguja y con plataforma,
con tachuelas pequeñas en dorado en el talón.
Can se puso
el vestido que le traje, el turquesa y negro, con un collar de cadena dorado,
con una medalla del mismo color de la que colgaban unas plumas plateadas y
tacos, entera vestida con las cosas que le traje.
Nos
maquillamos y me eché mi perfume favorito, me sujeté un mechón de pelo de la
parte de adelante hacia atrás con una horquilla.
Ya listas, agarramos lo necesario y lo metimos en las carteras. Metimos dos saquitos de punto
en ellas, yo uno gris y Can uno negro, pero en pleno agosto, calor, no se
necesitarían.
Antes de
abrir la puerta de la habitación nos paramos y nos miramos la una a la otra
para comprobar que no faltara nada.
Eran las
siete y media, y como Vico también salía por el rosal, aunque no en nuestro
mismo grupo, le pedimos que nos acerque.
Antes de la
entrada del Rosal está el parque grande de la ciudad, el Parque San Francisco.
Y, como nos sobraba tiempo le pedimos que nos dejara en la esquina más cercana
para atravesarlo dando un paseo hasta el lugar de reunión. Nos despedimos de él
y prometimos saludarlo si lo veíamos.
Atravesamos
el parque y llegamos con tiempo con nuestro grupo de amigos. Estaba Rochi, una
chica rubia y alta que iba con nosotras a clase y con la que nos llevábamos muy
bien. Bueno, nos llevábamos bien con todos, pero con ella era algo más
especial. Vinieron Elena, Cris, Bea y otras chicas del curso con las que nos
relacionamos mucho. Detrás de ellas aparecieron Andrésa, Ramiro y Nacho, otros con
los que nos llevábamos muy bien y con quienes podíamos contar siempre, o casi
siempre.
Saludé y di
besos a todo el mundo, y a Bea, que la eché mucho de menos en Italia, otra que
se lo habría pasado muy bien con el socorrista…
Seguí
saludando, y a los cinco minutos se acercaron Cris y Bea para avisarnos de que
iba a venir un amigo (o conocido, no lo tenía yo muy claro) de Bea. Que vivía
con su padre a las afueras de la ciudad (15 Km autopista) y que, al igual que
yo, se mudaba cerca de las facultades.
A los cinco
minutos ya estábamos todos reunidos, menos el amigo de Bea, con el que habían
quedado en uno de los bares, y decidimos ir rumbo a ellos.
Cerca del
Rosal está la parte antigua de la ciudad, dónde se encuentran las discotecas,
bares y boliches más nuevos y más de
salir. Siempre que vas por esa zona te cruzas a mucha gente conocida.
Nos fuimos
a Salsipuedes que es uno de los boliches que más de moda están.
Tiene terraza con carpa y árboles y dos pisos de discoteca.
El grupo de
amigos fue a la barra a pedir bebidas, y yo vi a Fran sentado en uno de los
taburetes con sus amigos, lo saludé y me senté en el asiento contiguo.
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Me tildé viendo a Pablo Alborán en el Hormiguero :) Ya tengo nombre decidido! Mañana lo pongo de título, beeesos:)

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